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Por qué el aumento del separatismo puede conducir a más conflictos

Artículo traducido por Albert (@HaedusCrabittu)

Manifestants en suport de la independència catalana a Barcelona, Espanya, novembre de 2017. / Foto ALBERT GEA / REUTERS

Desde la costa mediterránea del norte de España hasta los estados insulares del Pacífico Sur, el secesionismo va en aumento. En 1915 había ocho movimientos que buscaban su propio estado. En 2015 había 59. Una explicación para el aumento es que ahora hay más países de los cuales separarse. Pero incluso teniendo esto en cuenta, la tasa de secesión se ha más que duplicado durante el último siglo.

Pero a pesar de que más grupos intentan romper, cada vez hay menos que recurren a la violencia. Como los secesionistas quieren unirse al club exclusivo de los Estados, están atentos a las señales enviadas por los principales países y organizaciones que indican cómo deben comportarse. Hasta ahora, estas señales no les han desanimado a recurrir a la violencia (y los han hecho más prudentes para evitar víctimas civiles si lo hacen) o a declarar la independencia unilateralmente. Las fuerzas kurdas en Irak y Siria, por ejemplo, han evitado en gran medida asesinar civiles y han ofrecido ayuda a las potencias occidentales que luchan contra el Estado Islámico (o ISIS). Somalilandia, que se separó de Somalia a principios de los años noventa, ha trabajado tranquilamente pero con eficacia con países que intentan frenar la piratería en el Golfo de Adén. Y en Cataluña y Escocia, los movimientos independentistas han optado por referéndums y negociaciones en lugar de realizar declaraciones unilaterales.

Este buen comportamiento ha sido muy poco recompensado. En medio de la guerra contra ISIS, Turquía y Estados Unidos se han movido rápidamente para apaciguar las conversaciones sobre un Kurdistán independiente. Ningún país ha reconocido la condición de estado de Somalilandia. Y el gobierno español declaró ilegal el referéndum catalán e ignoró el resultado. Mientras tanto, el nuevo miembro del club de Estados, Sudán del Sur, obtuvo el reconocimiento internacional a pesar de violar flagrantemente el derecho internacional y los derechos humanos en su lucha por la independencia.

Esta contradicción presenta un dilema para los secesionistas: ¿Deberían creer que aquello que les cuentan es el mejor camino hacia una condición de estado o lo que ven realmente funciona? En las últimas décadas, parece que han cerrado los ojos a la brecha entre la retórica y la realidad. Pero la capacidad de los principales países y organizaciones internacionales para mantener la ficción de que el buen comportamiento conduce al éxito, puede estar erosionándose.

Si los secesionistas concluyen que cumplir las reglas genera pocas recompensas, las consecuencias podrían ser desagradables. Algunos continuarán comportándose bien por razones propias de su movimiento. Pero aquellos que ven las reglas como una restricción externa las abandonarán rápidamente. La tendencia reciente del secesionismo no violento podría ser revertida y aumentarían los costes humanos de la guerra en lugares donde los secesionistas ya han recurrido a la rebelión.

COMO CREAR TU PROPIO ESTADO

Es habitual para los analistas de asuntos internacionales remarcar que, desde la Segunda Guerra Mundial, las guerras civiles se han vuelto más frecuentes que las guerras entre estados. Menos conocida es la creciente tendencia hacia el secesionismo entre grupos rebeldes que luchan en guerras civiles. Los datos que recopilé con mi colega politólogo, Page Fortna, muestran que la proporción de guerras civiles, en las que al menos un grupo rebelde pretendía separarse, aumentó de cero en 1899 al 50 por ciento en 1999.

Hay varios motivos para este aumento. En primer lugar, la creación de las Naciones Unidas, en 1945, codificó una norma contra la conquista territorial que pretende proteger a todos los estados miembros. En la actualidad, los estados se preocupan menos por ser engullidos por sus vecinos de lo que solían hacerlo. En segundo lugar, otras organizaciones internacionales han creado un conjunto de beneficios económicos para la condición de estado. Los miembros del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial son aptos para recibir préstamos y ayudas. Los miembros de la Organización Mundial del Comercio obtienen beneficios de barreras de comercio menores. Y, en tercer lugar, el principio de la autodeterminación, que es crucial para la empresa secesionista, disfruta de un apoyo internacional mayor hoy que en épocas anteriores.

Pero los secesionistas se enfrentan a una batalla difícil. Los estados existentes, el derecho internacional y las organizaciones internacionales han establecido varias condiciones para el reconocimiento de nuevos estados. El Convenio de Montevideo de 1934, que establece un estándar para la condición de estado en la que los países siguen confiando, enumera cuatro criterios: una población permanente, un territorio definido, un gobierno y la capacidad de establecer relaciones con otros estados. Estos requisitos parecen no presentar demasiados problemas; varios grupos secesionistas actualmente activos podrían cumplirlos. Pero el nivel ha aumentado significativamente desde 1934, especialmente después de que la ola principal de descolonización terminó a finales de los años 60.

Tengan en cuenta la política del Reino Unido sobre el reconocimiento de los nuevos estados, que es típica de las políticas de muchas democracias occidentales. Si el liderazgo de un estado existente internacionalmente reconocido es derribado, la política británica otorga automáticamente al nuevo gobierno el mismo reconocimiento que el anterior. Pero obtener el reconocimiento como nuevo estado -el proyecto secesionista- representa un ascenso más pronunciado. El gobierno británico exige que, además de cumplir los criterios de Montevideo, los posibles estados deben respetar la Carta de las Naciones Unidas y los principios básicos del derecho internacional, garantizar los derechos de las minorías, aceptar ciertos compromisos con respecto al desarme y la estabilidad regional, inscribirse en una serie de otras obligaciones de derechos humanos, y no violar ninguna resolución de las Naciones Unidas.

Los Estados Unidos toman un enfoque similar, al menos sobre el papel. La política de EE.UU. se adhiere a los criterios establecidos en la Convención de Montevideo, pero admite la posibilidad de excepciones, como por ejemplo la exigencia de que un nuevo estado tenga límites territoriales claros, si es por conveniencia política. En la práctica, los factores políticos a menudo tienen prioridad sobre los principios. Los políticos estadounidenses han expresado a menudo su apoyo a los nuevos estados que han logrado avances muy limitados hacia una gobernabilidad eficaz y democrática.

Obtener la adhesión a la ONU es un asunto aún más explícitamente político. La ONU prefiere que los miembros aspirantes se unan primero a su principal organización regional, como la Unión Africana o la Organización de Estados Americanos. Después, un estado debe presentar una solicitud ante la oficina del secretario general de la ONU. Las solicitudes más viables serán discutidas finalmente, y quizás votadas, por el Consejo de Seguridad de la ONU, que debe aprobar a los nuevos miembros. Dado que cualquiera de los cinco miembros permanentes del consejo puede vetar una solicitud, muchos candidatos, incluidos Kosovo, Palestina y Taiwán, no han podido conseguir la adhesión.

Los grupos que fracasen en su oferta de adhesión a las Naciones Unidas pueden conseguir unirse a otras organizaciones internacionales u obtener el reconocimiento de otros países. Tanto Kosovo como Taiwán son miembros de la FIFA, la organización internacional de fútbol, ​​así como de sus bancos regionales de desarrollo económico. Palestina es reconocida por el 70 por ciento de los miembros de la ONU y en 2012 pasó de ser un “no estado no miembro” a un “estado observador no miembro” en las Naciones Unidas por una votación en la Asamblea General.

PORTARSE BIEN

A diferencia de los grupos que buscan derrocar el gobierno central o expoliar recursos, los secesionistas requieren el reconocimiento exterior para alcanzar sus objetivos. Por esta razón, lo que dicen las organizaciones internacionales y los países más importantes sobre el secesionismo es importante. La ONU ha expresado una clara preferencia contra el uso de la violencia por parte de los movimientos independentistas, y la evidencia sugiere que los secesionistas han prestado atención. Aunque los movimientos secesionistas representan una proporción cada vez mayor de grupos rebeldes en las guerras civiles, el porcentaje de todos los secesionistas involucrados en la guerra ha caído. Un número creciente de movimientos secesionistas empiezan de manera totalmente pacífica, y otros secesionistas anteriormente violentos han recurrido a la no-violencia. Desde 1949, los movimientos secesionistas han tenido la mitad menos de probabilidades de participar en guerras a gran escala (las que han provocado al menos 1.000 muertos) que en el siglo anterior.

Mientras tanto, grupos secesionistas que han recurrido a la violencia han moderado su conducta en la guerra. Los secesionistas tienen más del 40% de probabilidades de atacar civiles en una guerra civil que los grupos armados no secesionistas. Esto se debe en parte a que los secesionistas entienden las consecuencias políticas de transgredir el derecho internacional humanitario. Muchos secesionistas hacen un esfuerzo especial para transmitir su conformidad con las leyes de la guerra. Por ejemplo, varios grupos, entre ellos el Frente Polisario (que busca poner fin al control marroquí del Sahara Occidental), el Frente Moro de Liberación Islámica (un grupo armado en Filipinas) y el Partido de los Trabajadores del Kurdistán en Turquía, han destacado su compromiso de no usar minas terrestres antipersonas. Los secesionistas también han contrastado su propio comportamiento con el de los opositores gubernamentales, que a menudo recurren a tácticas más duras.

Piensen en el caso poco conocido de los secesionistas de Las Molucas del Sur, que llevaron a cabo una campaña guerrillera contra el gobierno indonesio de 1950 a 1963. Los melanesios del sur se abstuvieron de atacar a civiles. Dieron a conocer incidentes en los que las tropas de Indonesia bombardearon los pueblos de Las Molucas del Sur, establecieron bloqueos que produjeron hambre o utilizaron a los civiles del sur como escudos humanos. Y pidieron ayuda a la ONU en las páginas del The New York Times, pero fue en vano. Desde que perdió la guerra civil, el movimiento secesionista de Las Molucas del Sur ha sido representado por un gobierno en el exilio en los Países Bajos. Décadas más tarde, a finales de los años ochenta, otro grupo de separatistas indonesios, los timorenses orientales, adoptaron una política de no violencia después de que quedó claro que no podían ganar su lucha armada contra el gobierno indonesio. Y tanto antes como después de hacerlo, los separatistas trabajaron para llamar la atención internacional sobre los ataques de las fuerzas de seguridad indonesias contra los manifestantes pacíficos. (En 2002, después de una transición negociada por la ONU, Timor Oriental se convirtió en un país independiente.) Hace poco, en 2014, las fuerzas kurdas en Irak y Siria fueron muy fotografiadas ayudando a los yazidíes que habían sido perseguidos por ISIS. Sin embargo, los kurdos lograron poco apoyo internacional. Los Estados Unidos, por ejemplo, se opusieron “firmemente” al referéndum sobre la independencia de 2017 del Kurdistán iraquí y amenazaron de terminar su diálogo con los kurdos iraquíes si continuaban con la votación.

Las preferencias de los principales estados y las organizaciones internacionales han influido en las acciones no violentas de los secesionistas. Desde la fundación de la ONU, la comunidad internacional, en general, ha desaprobado las declaraciones unilaterales de independencia. En la década de 1990, durante las guerras de los Balcanes que precedieron a la desintegración de Yugoslavia, los gobiernos británico, francés y estadounidense manifestaron su oposición a estas declaraciones. Y en 1992, el Consejo de Seguridad de la ONU emitió una resolución sobre Bosnia-Herzegovina afirmando que “cualquier entidad declarada unilateralmente… no será aceptada”. Los secesionistas han tomado nota: aunque el secesionismo vía guerra civil ha aumentado a finales del siglo XX, la proporción de secesionistas que hacen declaraciones formales de independencia ha disminuido desde el 1945.

Los secesionistas, generalmente, han ganado poco desafiando esta norma. Durante la desintegración de Yugoslavia, Croacia y Eslovenia emitieron declaraciones unilaterales de independencia. Sin embargo, los acuerdos de paz de 1991, que la Comunidad Europea negoció para concluir sus guerras de independencia, exigieron a los dos países que anularan estas declaraciones. Ambos se comprometieron y, al cabo de un año, se habían convertido en miembros de la ONU.

La declaración de independencia de Sudán del Sur, en 2011, es un ejemplo de cómo hacer diplomacia secesionista correctamente. Los sudaneses del sur trabajaron con una organización no gubernamental (ONG), Independent Diplomat, con sede en Nueva York, para explorar el camino hacia el reconocimiento internacional. Juntos, se reunieron con representantes de organizaciones internacionales, incluida la ONU, para establecer un conjunto de directrices para la independencia. Como resultado, cuando Sudán del Sur declaró la independencia, no lo hizo de manera unilateral. Se adhirió a las disposiciones establecidas en el Acuerdo General de Paz de 2005 entre el Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán y el gobierno de Sudán, y lo consideró, correctamente, como su mejor camino hacia la independencia. La declaración se emitió después de que el país fuera reconocido por el Sudán; la semana siguiente, Sudán del Sur fue aceptado como miembro de la ONU, después de que su gobierno siguiera un guión preciso que incluía al presidente Salva Kiir entregando la declaración de independencia del país al secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

A pesar de que los estados se han resistido a las declaraciones unilaterales de independencia, una decisión reciente de la Corte Internacional de Justicia (TIJ) cuestionó esta posición hace tiempo. En 2010, el tribunal emitió una opinión consultiva sobre la legalidad de la declaración de independencia de Kosovo. Consideró que las declaraciones de independencia en general, y la de Kosovo en particular, no son ilegales según el derecho internacional. Muchos abogados internacionales (y los mismos kosovares) argumentan que la opinión de la CIJ no estableció un precedente vinculante. Sin embargo, varios de los otros posibles estados, incluyendo Nagorno Karabaj (que declaró la independencia de Azerbaiyán en 1991), Palestina, la República Srpska (una región semiautónoma dentro de Bosnia-Herzegovina) y Transnistria (una región independiente de Moldavia), indicaron que ven un precedente en la opinión, creando así un camino para futuras declaraciones unilaterales de independencia.

El año pasado, dos grupos secesionistas probaron estas aguas. Hasta hace poco, el Kurdistán iraquí iba con mucho cuidado en la cuestión de declarar la independencia. Pero en septiembre, el gobierno kurdo celebró un referéndum ignorando los consejos de aliados extranjeros, incluidos los Estados Unidos, en el que el 93 por ciento de los kurdos votaron a favor de la independencia (aunque muchos de los que se oponían a la independencia boicotearon el referéndum). La respuesta regional fue rápida: Irak cortó el acceso aéreo a Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, e Irán y Turquía (ambas han luchado contra grupos kurdos separatistas) trasladaron tropas a las fronteras de la región.

Los separatistas catalanes también abandonaron recientemente su reticencia histórica a emitir una declaración formal de independencia, que surgió del temor a que no fuera bien recibida en el exterior. Esta reticencia se convirtió en sorprendente cuando el líder catalán Carles Puigdemont decidió declarar la independencia después de que los catalanes votaran por abandonar España en un referéndum en octubre de 2017. Menos sorprendente fue la reversión instantánea de Puigdemont. En el mismo discurso en el que declaró la independencia, también suspendió la declaración para permitir negociaciones con el gobierno español y con países y organizaciones extranjeras. A pesar de este giro de 180 grados, funcionarios europeos criticaron la declaración, y el gobierno español, que consideró que el referéndum y la declaración eran ilegales, intentaron detener a Puigdemont (que actualmente está exiliado en Alemania) acusado de rebelión. A pesar de la opinión del TIJ, la aversión internacional a las declaraciones unilaterales de independencia parece ser tan fuerte como siempre.

EL DILEMA DE LOS SECESIONISTAS

Desgraciadamente para los movimientos independentistas que han seguido las normas, jugar limpio ha funcionado pocas veces. La politóloga Bridget Coggins ha demostrado que cuando se trata de obtener reconocimiento internacional, tener un padrino con mucho poder es más importante que comportarse bien. Vean si no el Kurdistán iraquí y Somalilandia. Las dos áreas están bien gobernadas, especialmente en comparación con muchos de sus vecinos. Sus gobiernos recaudan impuestos, proporcionan asistencia sanitaria e incluso llevan a cabo relaciones internacionales en la medida de sus posibilidades. Sus ejércitos han evitado sobre todo atacar a civiles, a diferencia de grupos cercanos como ISIS y al Shabab. Sin embargo, ambos gobiernos han recibido poco reconocimiento internacional, lo que les impide ofrecer muchos de los servicios que se podrían esperar de un estado moderno. No pueden emitir visados ​​de viaje, por ejemplo, u ofrecer a sus residentes una identidad postal reconocida internacionalmente, que les permita enviar y recibir correo extranjero.

Parece que un mal comportamiento tiene más probabilidades de ganar el reconocimiento internacional. Durante la guerra de independencia de Sudán del Sur, las facciones opuestas dentro del Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán, el brazo militar del movimiento independentista del sur, atacaron a civiles que pertenecían a grupos étnicos que consideraban alineados con el otro bando. La brutalidad de sus tácticas, que incluyeron el asesinato, la violación y la tortura, hicieron la competencia a las del gobierno central represivo del Sudán. Las autoridades de Sudán del Sur también han fracasado en cuanto a los principios básicos de gobernabilidad: nunca han sido capaces de alimentar a la población de Sudán del Sur ni de proporcionar asistencia sanitaria sin ayuda internacional. Sin embargo, ninguna de estos inconvenientes impidieron que los simpatizantes internacionales de Sudán del Sur, incluidos los Estados Unidos, defendieran la independencia del país.

La experiencia de Sudán del Sur es importante en parte porque los secesionistas se están convirtiendo en mejores observadores de la política internacional y algún día pueden decidir que comportarse bien no vale la pena. Los secesionistas se conectan cada vez más entre sí, a menudo con la ayuda de ONG. La Organización de Naciones y Pueblos No Representados proporciona un foro para grupos, incluidos muchos secesionistas que no tienen representación oficial en las principales organizaciones internacionales. Celebra reuniones donde sus miembros pueden compartir información y estrategias. Geneva Call, una organización humanitaria con sede en Suiza, se acerca regularmente a los grupos armados no estatales formándolos en derecho internacional humanitario y conecta a estos grupos entre ellos con el fin de aumentar el cumplimiento de las leyes de la guerra. Aunque ambas ONG alientan a los separatistas a cumplir con las normas democráticas y humanitarias, el contacto más frecuente que facilitan estas organizaciones también permite que los secesionistas discutan qué estrategias han funcionado y cuáles no. Pueden sacar como conclusión que el buen comportamiento no ha sido recompensado y señalar que los separatistas que se han comportado mal han evitado el castigo.

Los viajes baratos también han ayudado a crear una comunidad separatista global. Por ejemplo, en 2014, durante el periodo previo al referéndum de independencia de Escocia, los catalanes viajaron a Glasgow para hacer ondear su bandera en solidaridad con los partidos independentistas. Ahora hay incluso una liga de fútbol oficial para las naciones sin estado (muchas incluyen secesionistas), la Confederación de Asociaciones de Fútbol Independientes. (Abjasia, una región separada de Georgia, ganó la Copa Mundial de Fútbol de CONIFA en 2016).

DAR A LAS PERSONAS UN POCO DE LO QUE DESEAN

No hay respuestas fáciles al dilema de los secesionistas. Esto se debe en parte a que los secesionistas tienen una relación complicada con el principio de soberanía, subyacente en las relaciones internacionales modernas. De alguna manera, aceptan la idea, ya que les gustaría unirse al club de Estados. Pero para hacerlo, deben transgredir la soberanía del país del que se separan. Los estados existentes fruncen el ceño ante esta práctica y tienden a apoyarse unos a otros para rechazarla; no hay derecho a la secesión en el derecho internacional.

Sin embargo, si los estados establecidos y las organizaciones internacionales siguen negando el reconocimiento internacional a los movimientos secesionistas que parecen viables como estados, los separatistas podrían abandonar la moderación y optar por la violencia. Asimismo, cualquier medida para otorgar mayor reconocimiento a los posibles gobiernos debilitaría necesariamente los fundamentos de la soberanía estatal.

Existen maneras de encontrar un equilibrio entre estos intereses en competencia. Los estados afectados y las organizaciones internacionales podrían ofrecer recompensas a algunos secesionistas que mejorarían su autonomía, pero sin llegar a adherirse a organizaciones de primera categoría como la ONU. Podrían incluir invitaciones para unirse a organizaciones menos conocidas, pero que hacen un trabajo crucial para la política internacional diaria. La pertenencia a la Unión Internacional de Telecomunicaciones, por ejemplo, otorgaría a los grupos secesionistas más control sobre las infraestructuras de comunicaciones locales. Unirse al FMI abriría el acceso a los préstamos. Tener un banco central reconocido internacionalmente permitiría a los secesionistas autónomos desarrollar sus mercados financieros. Y la pertenencia a la Agencia Multilateral de la Garantía a las Inversiones del Banco Mundial ofrecerá protección a los inversores extranjeros.

Las recompensas en este sentido no tendrían ningún precedente. Kosovo es miembro del FMI, el Banco Mundial y el Comité Olímpico Internacional. Taiwán perdió su pertenencia a la ONU en favor de la China continental en 1971, pero sigue siendo miembro de la Organización Mundial del Comercio, el foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico y el Banco Asiático de Desarrollo. Y la Orden de Malta, una organización militar religiosa que es la única entidad soberana del mundo sin territorio, mantiene delegaciones en la Unión Africana y en el Comité Internacional de la Cruz Roja y tiene una misión permanente de observación en la ONU.

Otra opción consistiría en descentralizar el proceso de reconocimiento tadavía más. Varios estados ya reconocen Kosovo y Palestina. Erbil acoge una serie de consulados y oficinas que representan a organizaciones internacionales y ONG, recibiendo así una forma implícita de reconocimiento.

En cada caso, las principales potencias deberán ponderar los beneficios de un reconocimiento suave respecto a las preocupaciones políticas. No importa cuál sea la gobernabilidad del Kurdistán, por ejemplo, la independencia siempre será una posibilidad remota dada la distribución fracturada de la población kurda entre cuatro países vecinos y a menudo antagónicos. Y el hecho de que China y Rusia, ambos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, se enfrenten a sus propios movimientos secesionistas internos, significa que es poco probable que cedan a los principios fundamentales de soberanía estatal y de integridad territorial. Pero ofrecer algo podría ayudar a las poblaciones locales y también crear una gran ayuda a los aliados regionales. Etiopía y los Emiratos Árabes Unidos, por ejemplo, están invirtiendo más de 400 millones de dólares en una base portuaria y militar en Somalilandia, a pesar del rechazo del gobierno de Somalia, reconocido internacionalmente. Si Somalilandia fuera miembro de la Agencia Multilateral de la Garantía a las Inversiones del Banco Mundial, podría atraer aún más fondos extranjeros, ya que los inversores recibirían cierta protección externa.

Los grupos secesionistas más fuertes, como el gobierno de Somalilandia, los kurdos iraquíes y los catalanes, parecen ser los más receptivos a la presión internacional ya que consideran que son los candidatos con más posibilidades de reconocimiento internacional. Los independentistas catalanes, por ejemplo, se abstuvieron de ser violentos incluso ante la represión de Madrid durante el referéndum del año pasado. Sin embargo, si los secesionistas creen que un buen comportamiento no será recompensado, al menos algunos de estos grupos recurrirán a la violencia, tal vez incluso al terrorismo.

Continuar frustrando los grupos secesionistas no evitará que insistan en sus objetivos. Los miembros de un movimiento secesionista se enfrentan a menudo a una difícil decisión: permanecer con su familia y amigos en un área que está relativamente bien gobernada pero dirigida por las fuerzas del gobierno o moverse a través de la supuesta frontera secesionista y enfrentarse a una posible discriminación y aislamiento. Muchos de los que consideran que son parte de un movimiento decidirán quedarse, incluso ante la desaprobación internacional. Aislar a los posibles gobiernos y dar a sus ciudadanos motivos para sentirse agraviados por el sistema internacional es una receta para la miseria en todas partes. Buscar mejores maneras de tratar el secesionismo es, por tanto, un asunto tanto de los países principales y de las organizaciones internacionales, como de los propios secesionistas.

Sobre la autora: Tanisha M. Fazal es Profesora Asociada de Ciencias Políticas en la Universidad de Minnesota y la autora de Wars of Law: Unintended Consequences in the Regulation of Armed Conflict.

 


Artículo traducido por Albert (@HaedusCrabittu) según mi mejor conocimiento del catalán y el inglés.


Fuente: Foreign Affairs @ForeignAffairs

https://www.foreignaffairs.com/articles/2018-06-14/go-your-own-way?cid=soc-tw

Autora: Tanisha M. Fazal @tanishafazal
Fecha de publicación: 23 de junio 2018
Fuente de la imagen: ALBERT GEA / REUTERS


 

Republicà del Clot. Filologia romànica. Mesclaet: Barcelonès, Al Hoceima, La Noguera, Baix Ebre, Maestrazgo, Axarquia. Vam rebre l’1O i no oblido, però puc perdonar.

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