Casado
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El Populista de derechas de España. Jacobin

El mes pasado, Pablo Casado fue elegido nuevo líder del Partido Popular de España. Su proyecto: utilizar la Reaganomía (del inglés “Reaganomics”), el nacionalismo de banderas y una guerra contra el feminismo para revitalizar la derecha.

Artículo traducido por AnnA (@annuskaodena)

Casado
Rueda de prensa de Pablo Casado Partido Popular / Wikimedia

Este verano marcó el final del período de ocho años del presidente español, el líder conservador Mariano Rajoy. Su caída se hizo inevitable el 24 de mayo cuando el Tribunal Supremo de España condenó al Partido Popular (PP) por su participación en un sistema de sobornos que abarcaba tres décadas.

El caso de corrupción llamado “Gürtel”, que terminó con el encarcelamiento de varios aliados de Rajoy, no solo causó conmoción entre los gobernantes conservadores, sino que también creó una ventana de oportunidad para la oposición. El PSOE socialista pidió una moción de censura en el congreso y propuso a su líder, Pedro Sánchez, para formar un nuevo gobierno.

El 1 de junio, el PSOE junto a Unidos Podemos y los partidos nacionalistas catalán y vasco finalmente pudieron echar al PP. Esta moción fue impulsada no solo por el escándalo de corrupción sino también por un estancamiento político más amplio fomentado por las tensiones sobre el estado constitucional de Cataluña.

Desde entonces, la derecha española ha caído en crisis. El principal aliado del gobierno de Rajoy había sido Ciudadanos, el partido neoliberal-nacionalista, un partido que experimentó un fuerte crecimiento en los últimos meses debido a su postura firme contra la independencia catalana. Sin embargo, decidió no tomar partido en la batalla por el escándalo de corrupción y parece haber perdido la dirección.

Por su parte, al entrar en la oposición, el Partido Popular también tuvo que afrontar el problema de cómo reemplazar a Rajoy como líder. La solución del partido consistió en celebrar unas primarias de dos etapas, con miembros del PP eligiendo a dos candidatos que se enfrentaron en un congreso especial del partido.

El ganador definitivo fue Pablo Casado, que venció a Soraya Sáenz de Santamaría, aliada de Rajoy, por más de quince puntos. Esto marca un cambio de rumbo considerable para el partido, y de hecho, un cambio hacia la derecha.

En su campaña, en la que reunió el apoyo de grupos del partido leales al ex presidente José María Aznar, Casado atrajo a la base conservadora con respuestas simples e ideológicas. En particular, rechazó cualquier estrategia de diálogo con Cataluña y habló de la necesidad de recuperar a los votantes decepcionados del Partido Popular que se habían ido decidiéndose a favor de Ciudadanos o Vox de extrema derecha.

¿Quién es Pablo Casado?
Con solo treinta y siete años, Pablo Casado se ha convertido en el líder más joven de los mayores partidos en España. Ya era conocido como portavoz de televisión para su partido en programas de entrevistas del sábado por la noche como La Sexta Noche. También ha tenido una larga carrera política, habiendo sido jefe de la organización juvenil del Partido Popular en Madrid, director de la oficina del ex presidente Aznar y cofundador del grupo de reflexión sionista “Iniciativa Amigos de Israel”.

Como todos saben, Casado no es un novato político. Sin embargo, es consciente de que tiene que dirigirse a una sociedad que experimenta un cambio rápido, y que probablemente represente la última oportunidad de renovación de su partido.

Su campaña principal se basó en el mensaje, repetido todos los días desde que asumió el liderazgo, que él es la nueva esperanza para la derecha debido a su capacidad de conectarse con la mayor parte del país y el mismo partido (como dice su slogan: “El Partido Popular está regresando”). Su misión histórica es arreglar este gran partido de la clase media española en un contexto posterior a la crisis. Quiere revivir el mismo proyecto de Aznar formando un punto de reunión ideológico que se extiende desde el centro hasta la extrema derecha.

Sin embargo, se enfrenta a dos obstáculos en esta misión. En primer lugar, un escándalo por su Máster. En segundo lugar, el desafío del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, su gemelo político, para conseguir el liderazgo de la derecha española.

El punto débil de Casado es el asunto que rodea el Máster. Se enfrenta a una investigación judicial sobre sus títulos de Derecho de la Universidad Rey Juan Carlos donde, según suposiciones, ha existido una gran red de corrupción que ayudó a los miembros del PP en sus carreras académicas.

Se supone que Casado obtuvo el Máster sin asistir a clases o presentar el número normal de trabajos. Vale la pena señalar que Cristina Cifuentes, ex Presidenta del Partido Popular de la Comunidad de Madrid y también involucrada en esta trama, ya se vio obligada a dimitir del cargo.

Casado también tiene que lidiar con el desafío de Ciudadanos, un partido que se define a sí mismo como liberal y pro europeo. Su líder Rivera, ex miembro del PP, es el mayor rival de Casado en la derecha de la política española. Ambos nacieron después de la promulgación de la Constitución de 1978, estudiaron Derecho antes de comenzar sus carreras políticas, y hoy representan el ideal de una nueva clase media urbana. Ambos adoptan la postura del “padre estricto”: el pater familias que actúa como líder y autoridad moral y que protege a su familia de un mundo competitivo, conflictivo y peligroso.

Vale la pena destacar una diferencia sociológica clave entre estos herederos gemelos del proyecto de Aznar para la derecha española. Mientras que Rivera proviene de un barrio de clase trabajadora en Barcelona, su rival Casado nació en Las Navas del Marqués en Palencia, un pequeño pueblo en lo que hoy se llama la “España vacía”. Este pueblo simboliza una España fantasmagórica, rural y poco dinámica; zonas donde el PP aún gana mayorías absolutas.

Por último, ambos tienen claro quién es “su gente” y quiénes son los enemigos de España. La estrategia de Casado de reafirmar la posición de su partido y bloquear el desafío de Ciudadanos consiste en una técnica muy antigua: volver a poner el tema catalán en el centro de la agenda política e insistir en que la memoria de las víctimas del terrorismo de ETA representa un legado simbólico y moral de la democracia española.

Una España de balcones y banderas: la agenda conservadora para 2020
En tiempos de incertidumbre y tensión política, volver a los orígenes es una estrategia atractiva. Después de ocho años del liderazgo de Mariano Rajoy (el llamado Marianato), Pablo Casado simboliza el regreso del alma neoconservadora del partido, inspirado por Reagan y Thatcher, así como la afirmación de los valores tradicionales españoles.

Si algunos han especulado que en las elecciones generales Casado se apartará de la línea que usó durante las primarias del Partido Popular, esto choca con su proyecto político más amplio. Parece más probable que mantenga sus ideas y alianzas fundamentales, construyendo una nueva hegemonía de la derecha en su búsqueda para formar un gobierno.

La agitación en la economía global y el proceso de desregulación iniciado con la revolución conservadora en 1980 son una política desestabilizadora en ambos lados del Atlántico. En todas partes, las fuerzas emergen tanto a la izquierda como a la derecha para cuestionar el statu quo, alimentándose de las ansiedades y los sentimientos anti-sistema de grandes partes de la población.

Casado explicó en una entrevista reciente que si los partidos conservadores tradicionales no pueden renovarse, surgirán nuevos líderes o movimientos ajenos que representarán a los ciudadanos que se sienten olvidados. Para ilustrar este punto, invocó dos ejemplos muy diferentes: Donald Trump en los Estados Unidos y el triunfo del partido ¡En Marcha! de Emmanuel Macron en Francia.

Después de la crisis financiera mundial y del propio malestar económico de España, el sistema bipartidista y toda la clase política se han convertido en el foco de una insatisfacción sentida entre la gran mayoría de los ciudadanos españoles. Esta mayoría estuvo representada de forma importante por el movimiento 15-M, el más representativo claramente durante las ocupaciones de las plazas en 2011 lideradas por jóvenes españoles.

Si se vio ampliamente como un movimiento con objetivos progresistas, para Casado, este movimiento era, en el fondo, “una revolución capitalista” motivada por una nueva generación de jóvenes que querían vivir mejor o, por lo menos, igual que sus padres. Algunos han dibujado el vínculo entre este enfoque y las palabras de la dirigente socialista andaluza Susana Díaz, cuando se refirió a los “indignados” activos en el 15-M como personas que sólo querían una segunda residencia en la playa.

Sin embargo, su enfoque es diametralmente diferente. Mientras ella intentó movilizar la envidia de los españoles más pobres hacia la juventud supuestamente frívola de clase media, Casado ha pintado el movimiento en colores neoconservadores. A medida que pasa el tiempo, se hace más fácil reformular 15-M de este modo y, finalmente, neutralizarlo para llegar a la conclusión de que “no hay alternativa” al sistema político y económico actual.

Más central, sin embargo, es lo que Casado llama “la España Real”. Esta es la sección de la población que llenó sus balcones con banderas españolas en el momento álgido de la crisis catalana en 2017. Una especie de reaccionaria 15-M comenzó a desplegar banderas en todos los rincones de España.

Todas estas personas, unidas por los símbolos nacionales de su país, estaban reaccionando contra un enemigo común (el movimiento independentista catalán), pero tenían motivaciones y formas de expresión muy diferentes. Históricamente, cada forma de populismo de derechas en España se ha construido necesariamente en la lucha contra algún “enemigo interno”. Casado ha propuesto la penalización de cualquier debate sobre la independencia catalana.

No obstante, el enfoque de Casado también consiste en una agenda más proactiva, que busca transformar los fragmentos de “la España Real” en una nueva “mayoría moral”. Al igual que Reagan, Casado busca el apoyo de la mayoría de los españoles que defienden ciertas ideas con “sensatez”, ideas que no son ampliamente consideradas derechistas o de izquierda, como la familia, los valores tradicionales y la unidad de España. Sin embargo, él sabe que esta mayoría se construirá en los sectores más conservadores de la sociedad.

En este sentido, Casado ha delineado una agenda conservadora en conflicto con los impulsos más progresistas de la sociedad española. En primer lugar, lanzó un ataque contra el movimiento feminista, al que llama “ideología de género” y lo denomina una forma de “colectivismo social”, ya que trata de dividir a la sociedad por categorías como género y olvida que lo más importante es el individuo.

De acuerdo con esta perspectiva neoconservadora, el feminismo es la vanguardia de una izquierda contemporánea que hoy es incapaz de proponer una alternativa política, económica y social al capitalismo y, por lo tanto, busca transformar la vida cotidiana. Desde este punto de vista, las medidas progresivas recientes deben invertirse para dar voz a la mayoría silenciosa y moral que sigue la ley sin quejarse.

Casado además ha atacado la ley actual del aborto y las posibles reformas con respecto a la ley sobre la eutanasia. Emplea un discurso antiaborto, promovido durante décadas por la Iglesia Católica y los sectores más reaccionarios de la sociedad, centrado en la defensa de la vida humana. Él insiste en la necesidad de respetar los acuerdos existentes sobre este asunto, diciendo que debe haber un consenso social.

De hecho, tales acuerdos nunca han existido, ya que la Iglesia y las fuerzas conservadoras siempre se han resistido a cualquier tipo de avance. Pero si tal consenso es imaginario, afirmar que lo defiende ayuda a apuntalar la nueva mayoría moral.

Al mismo tiempo, Casado ha tratado de neutralizar el movimiento que reclama la memoria histórica de los crímenes del franquismo. Él ha resistido los movimientos que piden eliminar los iconos restantes de la dictadura de cuarenta años invocando la necesidad de consenso y concordia entre los españoles, insistiendo en que es hora de resolver los problemas del presente y mirar hacia el futuro, no el pasado.

A nivel económico, Casado promete una revolución fiscal basada en los principios de la Reaganomía (del inglés “Reaganomics”). En palabras de Daniel Lacalle, un economista español fundamentalista del libre comercio, esta revolución tiene dos aspectos clave: primero, los recortes fiscales específicamente enfocados en la nómina y el impuesto de sociedades, y segundo, la eliminación de otros tipos de impuestos considerados “inmorales” (impuestos sobre la riqueza, donaciones, herencias, etc.). Las necesidades sociales y económicas reales del país se ignoran en pro de los intereses superiores de una ideología ultra neoliberal.

Su proyecto neoconservador también incluye un fuerte ataque a la inmigración, alegando que los inmigrantes africanos harán que el sistema de bienestar social sea insostenible. Esta retórica racista y políticamente incorrecta se mueve en el mismo universo simbólico que el discurso de Trump, Matteo Salvini y Marine Le Pen. Si en España el movimiento 15-M ayudó a resistir este tipo de chivo expiatorio, puede tener una segunda oportunidad de abrirse paso en el contexto global reaccionario de hoy.

El Centro no existe
Los otros tres principales partidos de España (PSOE, Unidos Podemos, Ciudadanos) parecen haber reaccionado con alivio ante la victoria de Casado en las primarias del Partido Popular. Esto se debe a que comparten la opinión de que la mayor experiencia de su rival Soraya Sáenz de Santamaría y su política más moderada representaban un desafío mayor que el que Casado representa en la batalla por ocupar el centro político. Sin embargo, esa actitud apesta a corto plazo.

A primera vista, puede parecer que Casado y su facción populista dañarán los intereses electorales de su partido. Sin embargo, la visión que desde hace tiempo promueven los analistas políticos, apuntando a la existencia de un centro político estático que las partes simplemente necesitan ocupar, actualmente está siendo desmentida en todo el mundo.

En España, la reconstrucción ideológica de los neoconservadores, combinada con una intensa movilización de las fuerzas más duras, aumentará la polarización con el gobierno socialista. Esta polarización del terreno político español tiene la posibilidad tanto de dividir Ciudadanos como de reducir el espacio abierto a Unidos Podemos.

Además, cosas que parecen imposibles hoy, como desafiar los inmensos avances del poderoso movimiento feminista, podrían revertirse en el contexto de un gobierno débil que también está sumergido en la disputa constitucional permanente de España. El gobierno del PSOE no solo tiene una base de apoyo precaria en el congreso, sino que el partido parece poco capaz de articular un programa que pueda dinamizar y potenciar su base social.

Casado y el nuevo Partido Popular tienen un proyecto político. Y si no tiene problemas con el sistema legal, él está aquí para quedarse. Algunos podrían pensar que sus ideas no son realizables en España hoy en día. Pero debemos tomarlas en serio. Especialmente si queremos luchar contra él.


Artículo traducido por AnnA (@annuskaodena)
Article translated by AnnA (@annuskaodena)


Fuente: Jacobin @jacobinmag

https://jacobinmag.com/2018/08/spain-pablo-casado-peoples-party-populist

Autor: Rodrigo Amírola @rodrigoamirola
Fecha de publicación: 10 de agosto de 2018


 

Catalana. Londinenca. Republicana. Llicenciada en Filologia Anglogermànica. Traductora i correctora. Estimo les llengües i els llibres. Estimo la meva terra, Catalunya

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