The Guardian - De España a Turquía
CAT EXTERIOR,  PREMSA INTERNACIONAL

De España a Turquía, el ascenso de la extrema derecha es un choque de culturas y no de civilizaciones. The Guardian

The Guardian

Vox y otros extremistas están logrando enormes avances políticos por primera vez en años. Su éxito amenaza con desgarrar las sociedades.

Traduït per AnnA @annuskaodena

Matteo Salvini interviene en el Congreso Mundial de las Familias en Verona. Fotografía: Filippo Monteforte/AFP/Getty Images

Pasé parte de mi infancia en Ankara y parte en Madrid. Desplazarme entre España y Turquía a principios de la década de los ochenta fue una experiencia extraña. España había restablecido la democracia recientemente después de años de dictadura, y Turquía había experimentado otro golpe militar. Ambos países se hallaban al margen de Europa, sin formar parte de la UE. Se decía que “Europa termina donde empiezan los Pirineos”, pero si la cadena montañosa entre Francia y España se consideraba una frontera, otra frontera eran las aguas del Bósforo. A menudo sentía como si estuviera viajando de un extremo de Europa al otro.

La España que experimenté fue vibrante, acogedora y cálida. A pesar de los ocasionales murmullos franquistas de una generación mayor, España abrazó la democracia. ¡Cuánto quería que mi madre patria siguiera su ejemplo! Pero un día, de camino a la escuela, vi algo que me hizo detenerme. Todas las paredes de la calle estaban cubiertas de carteles de bebés muertos tirados en contenedores. Me quedé paralizada. Las imágenes perturbadoras y tergiversadas habían sido distribuidas por un grupo católico ultraconservador que afirmaba que los valores familiares estaban siendo atacados, y que las mujeres habían ido demasiado lejos en nombre de la emancipación. El patriarcado aún acechaba bajo la superficie. Las guerras culturales ya habían comenzado.

Las recientes elecciones generales lo han dejado claro. Por primera vez desde 1978, un partido de extrema derecha está logrando enormes avances. Vox consiguió el 10,26% de los votos. El partido, fundado en 2013, se ha convertido en el movimiento de más rápido crecimiento en el país. Los politólogos habían creído con arrogancia que había países en los que el fascismo no podía volver a levantar su fea cabeza. Se creía que Alemania y España, después de haber experimentado sus horrores, eran inmunes a las falsas promesas de la extrema derecha. Pero entonces apareció Alternative für Deutschland (AfD), y ahora Vox, para mostrarnos lo erróneas que eran esas suposiciones.

Lo que Vox está vendiendo es sorprendentemente similar al programa adoptado por los nacionalistas populistas en otros lugares: anti-inmigración, anti-diversidad, anti-matrimonio gay y derechos LGBT, un anhelo agresivo por un mítico pasado de oro. El conflicto catalán ha jugado a favor de Vox, pues a lo largo de la historia, un tipo de nacionalismo “benigno” ha exacerbado peligrosamente a otro para alimentar un conflicto vicioso. Los nacionalistas populistas aman a los enemigos imaginarios, y Vox no es ninguna excepción. La misoginia se halla en su centro. Hablar de que los hombres están sufriendo a manos de las “feminazis”, y que las feministas radicales están amenazando el tejido social, resultará familiar a los observadores de la extrema derecha. No creen que exista el patriarcado, como tampoco creen que el cambio climático esté ocurriendo. Viniendo de Turquía, la retórica misógina del movimiento español me resulta terriblemente familiar. Al igual que el partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) en Turquía, Vox quiere convertir el actual ministerio sobre cuestiones de género en un ministerio sobre la familia. El cambio de palabras es significativo. En lugar de considerar la discriminación de género y la disparidad de género institucional, el nuevo enfoque se centra en los “valores familiares tradicionales”. Hasta hace poco, España era considerada uno de los pocos países que había logrado grandes avances en materia de igualdad de género. Ahora ya sabemos que incluso en estos países la historia puede retroceder.

El portavoz del partido, Francisco Serrano, un ex juez, incluso ha afirmado que existe un genocidio contra los hombres, citando como prueba los altos índices de suicidio. Esto es típico de la maquinaria propagandística de la extrema derecha, que explota un problema real (las presiones sobre los hombres jóvenes, en particular los que provienen de entornos desfavorecidos) para obtener sus propios beneficios políticos egoístas. Vox no es el único. Organizaciones católicas ultraconservadoras, como Hazte Oír, conocida por sus ataques vitriólicos contra la comunidad transgénero, están brindando todo su apoyo a las reacciones anti-feministas. Este año utilizaron un autobús con una foto de Hitler que decía: “No es violencia de género, es violencia doméstica #StopFeminazis”, y lo pasearon por varias ciudades antes del Día Internacional de la Mujer. El mensaje y la identidad del “enemigo” no pueden ser más claros.

En Italia se celebró una “conferencia sobre los derechos de la familia” de extrema derecha, en la que Matteo Salvini, vice Primer Ministro y líder de la Liga de derechas, fue el ponente principal. En su discurso arremetió contra dos grupos: las feministas y los inmigrantes. Salvini piensa que una tasa de fecundidad baja es una “excusa” para la inmigración y, por lo tanto, las mujeres italianas deberían tener más hijos. Acusa falsamente a las feministas de fingir que no ven el peligro del extremismo islámico, sin explicar por qué no se puede ser feminista y oponerse a todo tipo de extremismo al mismo tiempo.

En Polonia, miembros del partido Ley y Justicia hablan de conseguir que el país esté “libre de LGBT”. Kacyzsinki afirma que los homosexuales son una grave amenaza “no sólo para Polonia sino para toda Europa, para toda la civilización que se basa en el cristianismo”. En Hungría, Viktor Orbán, que ofrece incentivos financieros para incrementar la tasa de natalidad, ha prohibido los estudios de género en las universidades. En Turquía, el presidente Erdoğan dice que “cada aborto es un Uludere” (un asesinato en masa en el que 34 civiles kurdos fueron asesinados por el ejército turco en un ataque aéreo), y considera el control de la natalidad como una conspiración en contra de la gran nación turca. Llama “deficientes” a las mujeres que no tienen hijos. “Familias fuertes nos conducen a naciones fuertes, cada uno de los miembros de la nación debería movilizarse en la persecución de ‘grandes metas'”.

Es paradójico que esta generación de nacionalistas populistas lidere la cooperación política internacional. Se copian las tácticas entre sí, repiten sus políticas (la nueva extrema derecha en España incluso quiere construir un muro a lo largo de la frontera entre Marruecos y Ceuta para mantener fuera a los refugiados), y a menudo se les ve enviándose calurosos mensajes de apoyo unos a otros. Salvini acogió con satisfacción los resultados en España: “Espero tener a Vox como nuestro aliado en la Europa que estamos construyendo.” Y eso es exactamente lo que están haciendo: están construyendo Europa. No una nueva Europa, ni siquiera una vieja Europa, sino una Europa basada en un pasado imaginario y mítico. Una Europa monolítica dedicada a detener y revertir el progreso.

Si alguien duda de la naturaleza de los cambios políticos que estamos presenciando en todo el mundo, basta con observar los furiosos enfrentamientos fuera de la política y en nuestra cultura, desde humoristas en Francia atacando a las minorías en sus espectáculos, hasta alcaldes de derechas en Italia calumniando las canciones de John Lennon por ser demasiado internacionalistas o de izquierdas; desde las prohibiciones de la carne halal en Bélgica, hasta el Partido de la Libertad en Austria, sugiriendo que todos los judíos han de registrarse ante las autoridades si quieren consumir la carne kósher. Durante demasiado tiempo, los politólogos han prestado demasiada atención a los datos mensurables únicamente, olvidando que la cultura, por muy difícil que sea de analizar, es igual de importante.

En contraste con las predicciones del académico estadounidense Samuel Huntington, el mundo no experimenta una “guerra de civilizaciones”. Nos enfrentamos a algo mucho más complicado y dispar. Esta es la era de los mil enfrentamientos culturales, y estas batallas se producen dentro de los países, no entre ellos. Destruyen nuestras sociedades y polarizan la política hasta el punto de que se verá alterada para siempre.


Traducido por AnnA @annuskaodena/ Translated by AnnA @annuskaodena


Fuente: The Guardian @guardian
https://www.theguardian.com/commentisfree/2019/may/06/spain-turkey-far-right-vox-culture-war

Autora: Elif Şafak / Elif Shafak @Elif_Safak
Fecha de publicación: 6 de mayo de 2019


Catalana. Londinenca. Republicana. Llicenciada en Filologia Anglogermànica. Traductora i correctora. Estimo les llengües i els llibres. Estimo la meva terra, Catalunya

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