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Carta a un español. Jordi Nadal i Cantó

Carta a un español (o a todos)

Tengo más bien pocas esperanzas de que te llegue esta carta. Pero, ¿te imaginas que esta carta te llega? ¿Te imaginas que se difunde? ¿Que se hace viral? Podríamos, tu y yo, hacer un último intento.

Como sabes, en Cataluña los últimos cinco años hemos estado haciendo bastante ruido. No sé qué parte te ha llegado y cual no. Así que te lo resumo en muy pocas palabras: en Cataluña, algunos (no todos, pero unos cuantos) creemos que tal vez nos irían mejor las cosas si fuéramos un Estado. Un estado como es ahora Austria (que tiene sólo medio millón de habitantes más que Cataluña), o como es Finlandia (que tiene un PIB ligeramente por debajo del de Cataluña) o como Mónaco (que usa el Euro aunque no forme parte de la UE).

Tal vez (me temo) te habrán dicho que en Cataluña se fomenta el odio a España. Sobre todo desde TV3. Y desde las escuelas. Curiosamente, TV3 tiene un 20% de audiencia (por lo que 4 de cada 5 teles están puestas en otros canales). ¿Cómo se adoctrina a media Cataluña cuándo sólo una de cada cinco teles tiene TV3 puesta? No lo sé. Curiosamente, en las pruebas de aptitud de lengua española, los resultados de Cataluña está por encima de la media española. ¿Como se consigue prohibir un idioma en los colegios y que tus alumnos consigan mejor cualificación que Extremadura o Murcia? No lo sé. Lo vas viendo, verdad? Hay cosas que chirrían.

Fíjate que ya llevo un rato y aún no he puesto argumentos por los que quiero la independencia. No tengo previsto poner ninguno. La independencia es un riesgo, una gran complicación, y una aventura con algunas incertidumbres. Y, todo esto, en Cataluña lo tenemos claro. Pero (y aquí está el quid DEMOCRÁTICO de la cuestión) en Cataluña reclamamos el derecho a elegir. A elegir equivocarnos. A gobernarnos nosotros mismos y equivocarnos. A montar AVEs inútiles hacia ninguna parte, o a decidir que no hay que construir ni un palmo de vía rápida más hasta no tener un corredor mediterráneo. Derecho a montar una gran ciudad de las Artes ruinosa o a decidir no subvencionar ni una carrera más en Montmeló hasta no tener una red de cercanías decente.

Queremos ser nosotros. Sin ir en contra de nadie. Os tenemos aprecio. Somos familia. Pero algunos pensamos que tal vez nos iría mejor siendo primos que hermanos.

Con esta carta te quiero pedir unas cuantas cosas (ya estamos los catalanes, como siempre, pidiendo…).

La primera: que me creas cuando te digo que el odio a España no existe (o es muy residual) en Cataluña. Conozco a poca gente con “8 apellidos catalanes”. Yo los tengo y me casé con una mujer que es hija de un andaluz y una soriana. Ven, visítanos, habla con nosotros, mira a ver cuanta gente si les empiezas a hablar en castellano te contesta en catalán, mira a ver cuantos carteles no entiendes, … todos estos estereotipos son pérfidamente falsos.

La segunda: busca libros que hablen sobre como España perdió Cuba o Filipinas… Lee, por favor, sobre la independencia de México ¿sabías que más de la mitad de los mexicanos desconoce que un día fueron españoles? Lee sobre la rebelión de Tupac Amaru, en Perú, contra las tropas borbónicas (sí, sí, los abuelos de Felipe VI), con 50 años de diferencia respecto al sitio de Barcelona. Busca los paralelismos, qué decía la prensa de entonces, qué decían los gobiernos,…

En resumen, en los últimos 200 años, unos 15 o 20 países se han independizado de España. Todos ellos tienen ahora pleno reconocimiento. Ninguno ha vagado por el espacio exterior. La historia nos enseña que independizarse de España es imaginable, es posible y ya ya ha ocurrido otras veces en el pasado.

La tercera: cual es la diferencia entre el proceso catalán y las demás secesiones? En el pasado, las distintas formas de independencia pasaron, sin excepción por un proceso violento. De este proceso, España salía derrotada y sin nada. Esta vez, Cataluña está planteando un referéndum, una salida negociada, democrática y NO VIOLENTA.

Así es como, en democracia, se solucionan las cosas. Y nos ayudaría mucho que nos eches una mano. Te pido que le exijas a tus gobernantes que paren ya con la política del miedo, de la violencia policial y de la represión judicial. Exígeles que negocien el referéndum. Que nos permitan hacerlo. Y que, si desean que sigamos unidos, se pongan a fondo a hacer una campaña real, creíble y en positivo, a favor exactamente de esto, de permanecer unidos.

Un amigo mío lo contaba con esta fábula: Dos hombres están hablando y uno le explica al otro que se quiere divorciar.

– Hoy ha venido mi suegro – explica – y me ha dicho que si me divorcio, no encontraré trabajo en ningún lado, que él se asegurará de que así sea.
También me ha dicho que ninguna otra mujer se me acercará, que me echará del pueblo, que no me permitirá que me inscriba a ningún club, que me hará pagar para entrar y salir del pueblo…
Y cuando me fui a pedir los papeles del divorcio en el juzgado, me pegó una paliza y me los quitó…
– Vaya, – contesta el otro- sí que debe ser mezquina y fea tu mujer que ni su propio padre te ha podido dar ni una buena razón para que sigas casado con ella…

JORDI NADAL CANTÓ
@jnadalcanto


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