Los catalanes conforman una nación: breve historia de Cataluña (II)

Una lengua, jurisprudencia, instituciones políticas y tradiciones socioculturales propias, talante comercial e industrial, un espacio de acogida para los recién llegados, un sentido de nación de la mayoría de ciudadanos defendido mediante una resistencia activa no violenta y, por encima de todo, de manera democrática.

Por Albert @HaedusCrabittu

Traducción por @annuskaodena

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Imagen satélite, Cataluña. Fuente: NASA

Ya en el siglo XV, con la llegada al poder de los Reyes Católicos, Cataluña pasó a formar parte de la monarquía hispánica hasta el 1641. Un año antes, en concreto el 7 de junio de 1640, un numeroso grupo de segadores se sublevó contra las autoridades hispánicas. El motivo de este levantamiento fue, entre muchos otros, el malestar ocasionado entre la población por la presencia de tropas castellanas, el consecuente gasto de estas que corría a manos de los agricultores y también las tensiones generadas desde hacía años entre la monarquía hispánica y las instituciones catalanas para la creación, por parte del Conde-Duque de Olivares, de la Unión de Armas. En vista de la insurgencia que comportó la intervención del ejército castellano, Pau Claris, presidente de la Generalidad de ese momento, proclamó la República Catalana y pidió ayuda a Francia.

El conflicto finalizó en 1652 y siete años más tarde, a través de la firma del Tratado de los Pirineos entre Felipe IV de Castilla y Luis XIV de Francia y que suponía el fin de las hostilidades entre ambos países en el contexto de la Guerra de los Treinta Años, implicó la partición de Cataluña. De esta manera, los territorios del Rosselló, el Conflent, el Vallespir, Capcir y parte de la Cerdaña pasaron a manos francesas y el resto del Principado volvió al dominio de la monarquía hispánica.

Ya desde el siglo XVI y hasta la extinción de la dinastía de los Habsburgo, la política consistió en la progresiva centralización de las instituciones y el poder en Castilla, descuidando el resto de territorios que conformaban la Monarquía Hispánica. Buena parte de los monarcas prácticamente nunca visitaron el resto de los territorios de la corona.

Con la muerte de Carlos II, quien no dejó descendencia, estalló un conflicto por la sucesión de la corona, conocido como la Guerra de Sucesión Española (1701 a 1714). Los pretendientes al trono fueron Felipe de Borbón -duque de Anjou- y Carlos de Habsburgo -archiduque de Austria-. La guerra finalizó con la caída de Barcelona el 11 de septiembre de 1714, tras un asedio de casi un año de duración. A pesar de la ferviente resistencia de la ciudad condal y de otras poblaciones, como por ejemplo Cardona, las tropas borbónicas ganaron la contienda sucesoria.

En los días posteriores a la caída de Barcelona, ​​las autoridades borbónicas expidieron varios decretos por los que se abolían las instituciones de gobierno y leyes de Cataluña suprimiendo el sistema constitucional catalán para dar paso a un período en que el territorio catalán quedaría ocupado y administrado por el capitán general, el duque de Berwick. En 1716 se publicó el Real Decreto de Nueva Planta que imponía una nueva organización política y judicial de carácter absolutista e influencia castellanas. Asimismo, el catalán fue prohibido y la única lengua oficial en todos los ámbitos, especialmente en el de la administración, fue el castellano.

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Decretos de Nueva Planta

Con la llegada al poder de los Borbones, los monarcas que sucedieron Felipe V, se dedicaron a aplicar una serie de políticas absolutistas que con Carlos III quedarían maquilladas bajo la doctrina del despotismo ilustrado con la que se intentó combinar los postulados de la ilustración con el principios políticos absolutistas. Seguirá la imposición del castellano, en este caso en la educación y se prohibirá cualquier lengua que no sea la castellana.

Con el estallido de la Revolución Francesa y el Imperio Napoleónico posterior, la monarquía española se vio inmersa en la Guerra del Francés, ocasionada por la invasión de la península por parte de las tropas napoleónicas. En respuesta, un movimiento de resistencia contra el ejército francés se extendió por toda la península, Cataluña incluida,. Sin embargo, ya en 1812, Cataluña se convirtió en una provincia del Imperio y se dividió en cuatro departamentos (Ter, Segre, Montserrat y Bocas del Ebro). Un buen número de funcionarios franceses se trasladaron a Cataluña para reorganizarla política y jurídicamente y a la vez impulsar una serie de reformas en varios ámbitos, tomando como referencia el modelo francés, para poder sustituir las caducas estructuras del Antiguo Régimen.

Napoleón perdió la guerra y Fernando VII recuperó la corona española retomando, en detrimento de la Constitución de Cádiz de 1812, un modelo absolutista que implicaba la concentración en su persona de todos los poderes del Estado. Isabel II sucedió a Fernando y su reinado se caracterizó por el advenimiento de una crisis política en el seno de la monarquía que se sumó a las pucherazos electorales, la corrupción los gobiernos y las administraciones, a pesar de intentar llevar a cabo un proceso de modernización del país por medio, sobre todo, de la construcción de infraestructuras ferroviarias.

Hacia el 1860, Cataluña vivió una aceleración de su economía, especialmente en la industria, hecho que se contraponía a la falta de poder político el cual no podía ejercer. Aun así, junto con el movimiento literario y cultural de la Renaixença, surgió el catalanismo político, que vehicularía el proyecto político de la burguesía catalana a partir de la segunda mitad del siglo XIX y parte del XX.

Sin embargo, la Revolución liberal de 1868, conocida como La Gloriosa, desplazó la reina Isabel del trono y situó a Amadeo de Saboya como nuevo monarca español. La inestabilidad política y económica del momento provocó la renuncia del rey tras sólo dos años de reinado. Esta situación provocó el advenimiento de la Primera República (1873-74).

La Primera República contó con la participación activa de varios sectores republicanos y nacionalistas catalanes, lo que se tradujo en las presidencias de Estanislau Figueras y Francesc Pi y Maragall, el cual intentó reconvertir la nueva República hacia un modelo federal. En el transcurso de estos hechos, Baldomer Lostau proclamó el Estado Catalán dentro de la República Española a pesar de que el recorrido de ésta fuera breve debido a la inestabilidad política y la mala coyuntura económica.

Al final, el proyecto republicano fracasó y en medio del desconcierto, a través de un pronunciamiento militar, los borbones volvieron a reinar en España. Con Alfonso XII, se inauguró un período llamado la Restauración y que se caracterizó por la alternancia en el ejecutivo del partido conservador y el liberal a través del sistema del turno pacífico, basado en el falseamiento de los resultados electorales a través de pucherazos.

Por su parte, en Cataluña se produjo un resurgimiento político y nacionalista encabezado, sobre todo, por la burguesía a través de la Liga Regionalista. Igualmente, también se articularon otros movimientos catalanistas como los republicanos y los revolucionarios, más implantados en sectores populares. Sin embargo, desde finales del XIX y principios del XX hasta los años treinta, Cataluña vivió un excepcional período de bonanza económica que no se vio interrumpido, a diferencia de España, por la pérdida de Cuba y Filipinas en 1898.

En 1905, un grupo de oficiales y soldados asaltaron, despreciando las garantías democráticas y derechos civiles más básicos y esenciales como la redacción del semanario satírico “Cu-Cut” por la publicación de unas caricaturas que consideraron ofensivas. Este hecho propició que por primera vez todas las fuerzas políticas catalanistas se unieran en una coalición, llamada Solidaridad Catalana, para hacer frente a los agravios provenientes de Madrid.

En 1914, con el impulso de la Liga Regionalista se creó la Mancomunidad de Cataluña, un organismo contemplado por la legislación española que consistía en la suma de las cuatro Diputaciones catalanas. Presidida por Prat de la Riba, la Mancomunidad permitió recuperar un cierto margen de actuación política en Cataluña que se tradujo en notables éxitos y reformas en todo el país. Se mejoraron y ampliaron las principales infraestructuras, se estableció un programa educativo moderno basado en los postulados de varios pedagogos tanto catalanes como extranjeros, se mejoró la productividad y se impulsó la modernización del campo, y se produjo una eclosión de la cultura literaria y artística catalana.

A pesar de esta buena coyuntura político-económica, es cierto que las tensiones entre obreros y patrones fue en aumento hasta desembocar en el fenómeno del “pistolerismo”. Para hacer frente a las huelgas y llamadas al levantamiento del proletariado, la patronal alquiló pistoleros para acabar con los principales líderes sindicales para así evitar el estallido de una revolución popular.

En este clima de inestabilidad social junto con el proyecto catalanista de la Mancomunidad que inquietaba en Madrid, Miguel Primo de Rivera, capitán general de Cataluña, efectuó en 1923 un golpe de Estado el cual fue aceptado por Alfonso XIII y también para determinados sectores de la burguesía catalana. Inspirado en ciertos elementos del fascismo italiano, como por ejemplo el corporativismo, Primo de Rivera disolvió las Cortes y los partidos políticos al tiempo que declaró el estado de excepción. La represión de la dictadura se dirigió, sobre todo, para con el movimiento obrero y cualquier tipo de expresión de catalanidad. El catalán fue prohibido en todos los ámbitos públicos, se abolió la Mancomunidad y se suspendió de forma repentina la mayoría de leyes y reformas emprendidas por ésta.

A principios de los años treinta, la situación de la dictadura se fue deteriorando tanto por las consecuencias económicas derivadas del crack bursátil de 1929 como por la pérdida de apoyos internos del régimen. La connivencia del monarca Alfonso XIII con el dictador significó, pocos años más tarde, la sentencia de la corona española. Después de un breve periodo de transición llamado la “dictablanda”, en abril de 1931 se celebraron elecciones municipales en las que las fuerzas republicanas de todo el Estado español ganaron en las principales capitales y ciudades importantes. En vista de la situación, Alfonso XIII renunció al trono y se marchó al exilio y el 14 del mismo mes se proclamó la Segunda República Española (1931-1939).

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Francesc Macià i Llussà, Presidente de la Generalitat de Cataluña

La situación de cambio de régimen en España fue aprovechada por Francesc Macià, líder de ERC, partido ganador de aquellas municipales en Cataluña, para proclamar la República Catalana dentro de la Federación Ibérica. El gobierno republicano español, sin embargo, convenció a Macià para hacerse atrás y, en vista del Pacto de San Sebastián, recuperar la Generalitat y redactar un Estatuto de Autonomía.

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Estatuto de Autonomía de Cataluña, 1932. Popularmente, Estatuto de Núria

El nuevo Estatuto, redactado en el santuario de Núria, fue aprobado por una amplia mayoría de la población catalana en referéndum pero al pasar a las Cortes Españolas para su aprobación definitiva, fue objeto de notables recortes y cambios en sus disposiciones.

El gobierno de la Generalitat, encabezado por el Presidente Macià, tuvo que hacer frente por una parte a las reticencias de ceder autonomía por parte del gobierno central y por el otro a la fuerte oposición de la Liga Catalana y los sectores anarquistas. Con todo, el gobierno emprendió grandes mejoras en el campo de la educación.

Aun así, las elecciones generales de 1933 propiciaron la llegada al poder del Partido Radical, un partido reaccionario, populista, anticatalanista y con tendencias descentralizadoras. El nuevo gobierno se volvió beligerante tanto con Cataluña como con los movimientos obreros, al tiempo que paralizó todas las reformas para modernizar el país que se habían emprendido en la legislatura anterior. La entrada al gobierno de tres ministros de la CEDA, partido de derechas ultraconservador, el año 1934 fue visto por la mayoría de los sectores de izquierda como un viraje hacia el fascismo. 

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Lluís Companys i Jover, President de la Generalitat de Catalunya, empresonat

En vista de la situación, se produjo un levantamiento obrero generalizado en todo el Estado español y, en Cataluña, el presidente Companys proclamó el Estado Catalán dentro de la República Federal Española. El gobierno central desplegó el ejército en Barcelona decretando el estado de excepción y encarceló el gobierno de la Generalitat al completo además de suspender el Estatuto de 1932. En Asturias, el gobierno radical-cedista envió la Legión, comandada por el general Franco, para reprimir con extrema dureza y violencia el levantamiento minero.

Este periodo de inestabilidad perjudicó al gobierno central que, afectado por varios escándalos de corrupción, adelantó los comicios. En febrero de 1936, el Frente Popular, que agrupaba todos los partidos de izquierdas y también algunos de nacionalistas del Estado, ganó las elecciones frente a los partidos de derechas. En los meses posteriores se generó un clima de confrontación e inestabilidad entre las partes que estalló con el Golpe de Estado del 18 de julio el cual, al no triunfar en ciertas zonas del Estado, condujo al país a una guerra civil.

El autodenominado bando “nacional”, encabezado por Francisco Franco, contó con el apoyo militar de Hitler y Mussolini los cuales aprovecharon el conflicto civil para probar nuevas armas y estrategias de guerra. El bando republicano, en cambio, sólo recibió apoyo de la Unión Soviética, Francia, en mucha menor medida y de las Brigadas Internacionales, batallones de combatientes venidos de una multitud de países del mundo. La guerra duró tres años, hasta 1939, momento en que el gobierno republicano se rindió al no poder hacer frente a los esfuerzos de guerra.

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Lluís Companys i Jover, Presidente de la Generalitat de Catalunya. Certificado de ejecución.

Con la derrota republicana se instauró un régimen nacionalcatolicista y fascista encabezado por el dictador Franco que emprendió una terrible y sanguinaria represión hacia cualquier elemento disidente. Desde las altas esferas del nuevo régimen dictatorial se ordenaron las ejecuciones de miles de personas, entre las que destaca la del presidente Companys en el castillo de Montjuïc, en Barcelona ​​en 1940, convirtiéndose de este modo en el único presidente de gobierno elegido democráticamente ejecutado en la Europa del siglo XX, además de la apertura de procedimientos de depuración contra cargos públicos y de represión hacia la población civil, como por ejemplo el Tribunal Especial para la represión de la Masonería y el Comunismo.

En 1939, Franco firmó un decreto que anulaba todas las leyes aprobadas por el Parlamento y en el que también se disolvían las instituciones de autogobierno de Cataluña. Paralelamente, se prohibieron todos los símbolos catalanes y el catalán fue arrinconado hasta convertirse en un lengua de ámbito privado[1], que a pesar de todo seguía siendo perseguida como bien demuestra la multa impuesta a un civil “por hablar en dialecto catalán“.[2]

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Salvador Puig Antich

Durante el Franquismo, desde la posguerra hasta el “aperturismo“, se llevó a cabo una persecución política y policial contra el catalanismo, el independentismo y, en definitiva, cualquier movimiento social, cultural o nacionalista que supusiera una amenaza para el régimen nacionalcatólico franquista. La ejecución de civiles y activistas, como por ejemplo Salvador Puig Antich, en 1974, se convirtieron en la máxima y cruel expresión de finales de la represión franquista.

En medio de este contexto de represión y control político, social e ideológico surgieron, en la clandestinidad, diversas asociaciones y proyectos decididos a recuperar la cultura catalana. Desde la formación de profesorado en lengua catalana o la fundación de editoriales, pasando por la introducción de obras prohibidas o la recuperación de clásicos, hasta reivindicaciones públicas con los símbolos de Cataluña. De este modo, se fundaron varias entidades, tanto culturales como políticas, como Òmnium Cultural o la Asamblea de Cataluña, que agrupaban tendencias bien distintas entre sí pero con unos determinados puntos comunes, como por ejemplo hacer frente a la dictadura, reivindicar el catalanismo y recuperar el autogobierno y la cultura.

[1] Cronología de la represión del catalán: http://unilateral.cat/2016/09/20/cronologia-de-la-repressio-del-catala-des-de-1560-fins-a-2016/
[2] Museo de Historia de Cataluña: https://twitter.com/mhistoriacat/status/1023945310756777986


Leer Los catalanes conforman una nación: breve historia de Cataluña (I)

Leer Los catalanes conforman una nación: breve historia de Cataluña (III)


 

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